Ser niño no es cosa fácil

11:21:00 Mercedes Lafourcade 0 Comments

Magdalena Gulla es Lic. en Psicología y Maestra Diplomada en Psicopedagogía, trabaja con niños y adolescentes y está relacionada con organismos que atienden familias en situación de violencia. Hoy la invitamos para que nos muestre su visión acerca de cómo viven los niños esta etapa llamada infancia que no siempre resulta tan placentera y feliz como nos imaginamos. ¡Gracias Magda!

"Ser niño no es cosa fácil"



En el mundo de los adultos, suele existir la creencia de que los niños son felices. Juegan, no tienen responsabilidades, no conocen de grandes problemas…
Lamentablemente, esto no es así. Los niños sufren. Y no me refiero únicamente a las víctimas de guerras o desastres naturales. Me refiero a los niños que nos rodean, nuestros hijos, vecinos, sobrinos.
El poder adulto irrumpe constantemente en esa felicidad. Muchas veces, sin darnos cuenta, generamos situaciones de violencia que los niños sufren en silencio.
Al hablar de violencia, entramos en un terreno peligroso y complejo. Son muchos los planos y escenarios sobre los que se puede desplegar. Algunos son muy evidentes como el maltrato físico, los insultos, las omisiones en los cuidados. Sin embargo, hay otros niveles que de tan sutiles casi no sabemos que existen.
Quien ha tenido la suerte de nacer y crecer en un ambiente de apego y comprensión, lo replicará con sus propios hijos. Pero, aunque nos cueste asumirlo, esto no es lo más común. Seguramente, muchos de nosotros, vivió sin saberlo, situaciones de violencia en nuestros primeros años de vida. Este otro plano, el más sutil, tiene muchas manifestaciones y queda solapado puertas adentro. 
Violencia es por ejemplo  no ofrecer seguridad al niño, minimizar sus deseos, desestimar  sus elecciones, ocultarle la verdad, no confiar en sus relatos, compararlo con otros niños, exponerlo. Violencia son los límites impuestos sin reflexionar, las penitencias en soledad, los tirones de oreja, las palmadas. Si bien, en  este último sentido, hemos evolucionado bastante, aún se escucha hablar de los beneficios de una “palmada dada a tiempo”.
Éste es un capítulo aparte, que merece mucha reflexión, no dejo de asombrarme al ver cómo la sociedad condena la violencia en los estadios y en las escuelas, pero justifica los golpes a los niños en el interior de los hogares. 
La infancia es la etapa crucial en la construcción de la psiquis y la estructura de la personalidad. Crecer en un ambiente de respeto y comprensión, es el único camino para llegar a ser un adulto que respete y comprenda al prójimo.




A continuación, detallaré algunos de los ingredientes que, a mi criterio, no pueden faltar en la crianza, y que no siempre son tan visibles:
La verdad: Tienen derecho a conocer la verdad, hablar con los niños acerca de la muerte, enfermedades de seres queridos, la sexualidad, etc., con claridad y honestidad.
Llorar con ellos: Tienen derecho a saber que también sufrimos, que también lloramos. Acompañarse mutuamente en la tristeza, es una de las experiencias más sanadoras que ambos pueden vivir.
Anticipación: Tienen derecho a conocer su rutina. Saber cómo será su día. Esto es importante incluso desde la etapa de lactante. El bebé necesita saber  dónde irá, quién lo cuidará, cuándo le cambiaremos el pañal, etc. Esta información, organiza su pensamiento y le da sentido a los acontecimientos.
Escucha: Tienen derecho a ser escuchados, en su lenguaje explícito y en el implícito. Es preciso estar atento a los cambios emocionales, sus conductas cotidianas. Los niños tienen diferentes maneras de narrar lo que les pasa, es responsabilidad del adulto aprender a escucharlos.
Seguridad: Necesita tener la convicción de que lo amaremos más allá de todo. No importa si es flaco, gordo, no importa si hace berrinches o le va mal en la escuela. Debe saber que el Amor de los adultos que lo cuidan es incondicional.
Límites: Precisa límites claros y rutinas organizadas, pero flexibles al mismo tiempo. Es necesario que el adulto reflexione constantemente en este sentido, siempre hay cosas negociables y en el acuerdo el niño se sentirá mucho más acogido y estará más disponible.
Abrazos: Tienen derecho a ser abrazados infinitas veces por día. El abrazo en esta etapa, no solo da afecto y seguridad, también enseña: solo así podrá abrazar y ser abrazado por los demás en su vida adulta.
Por último, me gustaría recordar que en estos primeros años de vida los niños comparten el campo emocional con los adultos referentes. Por tanto, cualquier manifestación o síntoma que el niño presente nos involucra directamente. Al escucharlos y comprenderlos, estamos conectándonos con nuestro niño interno, con nuestras vivencias más primitivas. El niño habla por nosotros. Escuchémoslo con la seriedad que merece, de eso depende el futuro de la humanidad.


Magdalena Gulla Outeda
Licenciada en Psicología
Mtra. Diplomada en Psicopedagogía


Magdalena Gulla es Lic. en Psicología y Maestra Diplomada en Psicopedagogía, trabaja con niños y adolescentes y está relacionada con organi...

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