Entre el deseo y la autorregulación.

12:34:00 Mercedes Lafourcade 0 Comments




Existe acuerdo en que crecer implica, entre otras cosas, lograr un buen manejo de las emociones. Basados en esto, tendríamos que suponer que todos los adultos gozamos de un adecuado equilibrio emocional. Pero esto no coincide para nada con la realidad, y ello se debe  a que en nuestra infancia, no nos facilitaron el camino.
Durante las primeras etapas del desarrollo existe una primacía del deseo y el acto. El niño es movilizado por sus impulsos. Desea y no puede esperar. 

Es un comportamiento absolutamente sano  y esperable. El poder regular el comportamiento está asociado a una región del cerebro que se va desarrollando paulatinamente (córtex prefrontal).
Por lo que debemos comprender y respetar  a un niño cuando:
-Le cuesta dejar una actividad para comenzar otra.
-No logra planificar con anticipación.
-Le es imposible hacer más de una cosa a la vez.
-Llora si no puede alcanzar una gratificación inmediata.
-No se concentra por largos períodos de tiempo.

Cuando un pequeño se tira  al piso, en una pataleta, porque no quiere ponerse el gorro que lo cubrirá del frío, muchas cosas están sucediendo allí. En primer lugar, lo que no podemos olvidar es que está teniendo un comportamiento absolutamente normal. No quiere usarlo, no encuentra razón para hacerlo y lo expresa como puede. También está expresando allí, otras angustias y miedos que quizá quedaron latentes de situaciones anteriores. 

Recordemos que los niños tienen maneras muy sutiles de expresar su sentir y que es deber de los adultos hacer las lecturas de esas diversas expresiones. Lo fundamental ante una situación así, no es precisamente el comportamiento del niño, sino la reacción que el adulto asuma. Por supuesto que no existen recetas, pero sí, podemos señalar algunos aspectos que crearán un entorno acogedor y habilitador. 

Se trata de acompañar, contener y proteger. Dejar fluir la bronca y el enojo, manejando nuestras propias emociones e impulsos. La paciencia es una virtud maravillosa en la crianza. Una vez pasada la tempestad, buscar el momento de disponibilidad del niño para conversar sobre lo que pasó. Explicarle lo acontecido. Verbalizar las emociones que fueron circulando en ambos. Esta es una tarea sumamente enriquecedora y sanadora. Sorprenderá darse cuenta, el grado de comprensión de los niños y lo maravilloso que resulta conectarse con lo que le pasa. Si se siente comprendido, aprenderá a comprender.

Existe un trasfondo cerebral, al que nos remitimos cuando hablamos de deseo, empatía, de control de impulsos. Nos estamos refiriendo a las llamadas Funciones  Ejecutivas. Son las que nos permiten adaptarnos al medio, nos habilitan a resolver situaciones novedosas y nos permiten regularnos socialmente. “Representan  las habilidades cognitivas requeridas para controlar y regular nuestros pensamientos, emociones y acciones.” (Morton,2013). Entre ellas podemos distinguir: la planificación, la memoria de trabajo, monitoreo, flexibilidad, atención, autorregulación y control inhibitorio. 

Según la Neuropsicología, existen componentes hereditarios que podrían incidir en su desarrollo, pero no se ha establecido exactamente su nivel de influencia. Sobre lo que sí existe consenso, es que dependen fundamentalmente del entorno. Volvemos, una y otra vez, a la crianza con apego, que desde mi criterio es el único entorno posible.




 Las pautas de crianza juegan un papel fundamental en la medida que:

-Generen un ambiente organizado y flexible. Donde se respeten las rutinas y también el poder romperlas. Ello promoverá la capacidad de adaptarse a los cambios (flexibilidad) y vivirlos como experiencias positivas.

-Hagan que el niño se sienta seguro y confiado. Debe estar convencido que nadie lo castigará ni se burlará por sus errores. De los errores aprendo y también aprenden los demás.

-Habiliten a predecir el comportamiento de los adultos cuidadores. Y ello se logra únicamente si el adulto tiene la madurez emocional  necesaria para no variar sus reacciones según su estado de ánimo o el día agotador que haya vivido. Tener parámetros claros en cuanto a las reacciones esperables permitirá al niño actuar con libertad, pues sabe qué esperar los demás.

- Permita sentirse comprendido en su desregulación. Tener la certeza de ser entendido por los demás, no solamente porque lo aman, sino porque el resto del mundo también es irrumpido por los impulsos y también  lucha por encontrar un equilibrio.

-Habilitarlo en la toma de decisiones y en el hacer. Es preciso que se respete su modo particular de actuar. Quizá sea más lento si pretende vestirse solo, quizá deje la cocina llena de harina si lo que quiere es hacer una torta o quizá no se lave los dientes exactamente como nosotros pretendemos que lo haga. Pero en ese Hacer, está ensayando para el futuro.

Son los preparativos, de la persona adulta que será. Por lo que debemos recordar en prestar más atención a estas habilidades, porque de la capacidad de adaptarse al mundo y el manejar los códigos sociales dependerá  gran parte su felicidad.
Por otra parte, las instituciones educativas, deben repensar sus propuestas e incluirlas en su currículo. Existe una gran omisión en este sentido, pero debemos recordar, que las últimas investigaciones en Neuropsicología sostienen que un adecuado manejo  de las Funciones Ejecutivas, es lo que mejor predice los éxitos educativos. Un niño que se sienta seguro y confiado, aprenderá a manejar sus emociones y a aceptarse a sí mismo cuando no logre manejarlas. Tendrá la convicción de que lo amarán más allá de estos logros y podrá construir a su alrededor un mundo  agradable en el que se sienta reconfortante el  estar creciendo.

Magdalena Gulla Outeda
Lic. en Psicología
Mtra. Dip. en Psicopedagogía

Existe acuerdo en que crecer implica, entre otras cosas, lograr un buen manejo de las emociones . Basados en esto, tendríamos que s...

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