Intervención en Trastornos del Espectro Autista.

7:19:00 Mercedes Lafourcade 0 Comments




El DSM V define el Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) en la categoría de los   Trastornos del Espectro Autista. Esto tiene importantes implicaciones con respecto a las categorías manejadas hasta el momento en los manuales de psiquiatría. Hay un cambio conceptual que ya era manejado por muchos especialistas: se pasa de hablar de diferentes trastornos englobados en el conjunto de los trastornos generalizados del desarrollo, a hablar de un espectro, lo cual implica un continuo con diferentes niveles de gravedad. 
Desparecen categorías diagnósticas como el Síndrome de Asperger, el Trastorno Desintegrativo Infantil o el Tastorno Generalizado del Desarrollo no especificado. Los niños se sitúan dentro del espectro autista en función del deterioro en los dos criterios diagnósticos principales: la comunicación social y los patrones de comportamientos restringidos y restrictivos. De esta forma se establecen grados de gravedad en esos dos criterios, centrados en el nivel de ayuda que requieren.           
Dentro de los trastornos de la comunicación, el DSM V establece una novedosa categoría: el trastorno de la comunicación social. Se centra especialmente en los aspectos pragmáticos del lenguaje. La diferencia está en la presencia o no de patrones de comportamiento restringidos y restrictivos. El trastorno de la comunicación social se caracteriza por una dificultad con el uso social del lenguaje y la comunicación que causa deficiencias importantes en el funcionamiento social de la persona.
Teoría de la mente:
"La Teoría de la mente es la capacidad que tenemos los seres humanos de teorizar  acerca de la mente de los otros. Es la competencia que permite las formas más elaboradas, las pautas más sutiles  y específicas de comunicación y engaño en el hombre, sus alteraciones y deficiencias en el desarrollo tienen consecuencias trágicas." (Angel Rivière,1996). 


Marc Monfort (2001) establece que a los dieciocho meses aparece en el niño una nueva forma de relacionarse, cualitativamente diferente, en la que se crean vínculos, con determinadas personas y aparece el rechazo a los extraños. Este momento del desarrollo, en el que aparecen funciones esenciales en el niño, se corresponde con el período en el que suele manifestarse típicamente el autismo. 
Los niños de dos años, explica el autor, muestran conductas como la de dar un juguete al hermano pequeño cuando llora, que implica, en primer lugar, la noción del otro como individuo con emociones, en segundo lugar la de uno mismo puesto que le ofrecemos al otro algo que para nosotros es satisfactorio y, por último, la conciencia de poder modificar el estado interno de los demás. Este tipo de conductas ocurre mucho antes de que estos niños, sean capaces de resolver las tareas clásicas de la Teorías de la Mente. A partir del segundo año, el lenguaje supone una nueva fuente de análisis del desarrollo emocional de los niños.
Teniendo en cuenta la teoría de  Monfort ,  la Intervención en estos  niños debe basarse en el desarrollo de los contenidos relacionados con el lenguaje de referencia mental. Tanto el autismo como el déficit semántico-pragmático afectan específicamente a los componentes más semánticos y pragmáticos del lenguaje.  Los niños con Síndrome de Asperger y con Síndrome semántico-pragmático se caracterizan más por la rigidez y poca amplitud de sus intereses que por su discapacidad en el desarrollo de habilidades mentalistas de tipo cognitivo. La intervención mediante un trabajo explícito y con apoyo de material visual, explica el autor, permitiría enseñar a comprender y utilizar mejor el lenguaje que tiene que ver con lo que hay en la mente.
Según Monfort, los objetivos de intervención con el trabajo en la Teoría de la Mente son:
·         Identificar y nombrar emociones básicas y complejas.
·         Reconocer las causas en función del contexto.
·         Comprender y expresar verbos mentales (creer, saber, etc.)
·         Identificar estados mentales contrastados a partir de una misma situación.
·         Establecer las relaciones entre estados mentales  y conductas (ver y saber).
·         Aprender a predecir las conductas de los demás.
·         Comprender preguntas ¿Cómo, quién, qué, con quién?
·         Utilizar la función deíctica del lenguaje.
·         Comprender actos de habla indirectos.
·         Resolver tareas de falsa creencia.
·         Comprender situaciones de engaño mentira y broma.
·         Comprender y expresar juicios morales.
·         Resolver problemas pragmáticos.
La meta final, explica el autor, es la generalización de estos aprendizajes a la vida diaria,  por lo tanto la intervención debe incluir el control y estímulo de situaciones interactivas reales.


Copyright © 2015 Mercedes Lafourcade




El DSM V define el Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) en la categoría de los   Trastornos del Espectro Autista. Esto tien...

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