Detectar posibles dificultades lectoras en edades tempranas.

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Predictores lingüísticos de las dificultades lectoras

La dislexia es uno de los trastornos de aprendizaje con más prevalencia a nivel mundial (entre un 8 y un 12 %)  representando la principal causa específica de fracaso escolar. Su síntoma más notorio, es la dificultad en la lectura y escritura, por este motivo existe una gran  preocupación en buscar formas de detección e intervención temprana, que ayuden a minimizar sus consecuencias académicas y emocionales.
  
La teoría fonológica ha permitido profundizar en los aspectos compartidos entre el lenguaje oral y escrito, posibilitando que se  detecten precursores lingüísticos para el desarrollo de la lectura. Se pudo observar que el déficit lingüístico primario, que origina las dificultades lectoras, está presente desde el nacimiento. Es importante diferenciar, que no todos los niños con dificultades lectoras son disléxicos, por lo que estos elementos deben complementarse con otros elementos cognitivos, motores y emocionales, para poder hablar de dislexia. 


Identificar precursores a los 30 meses de edad


Las investigaciones de Scarborough (2005) con niños de edad preescolar, mostraron resultados sorprendentes en cuanto a la relación del desarrollo del lenguaje oral y escrito. La primera conclusión a la que arribó, es que la predicción de las dificultades lectoras correlaciona con predictores lingüísticos y que estos no son únicamente fonológicos.   

Una segunda conclusión, es que los predictores lingüísticos adquieren diferente valor diagnóstico durante las distintas ventanas temporales. Es decir, que en las diferentes edades tienen más peso predictivo algunos componentes del lenguaje oral que otros.  

Se pudo observar, que los niños de 2,5 a 3 años que se diferenciaban de los niños de sus edad por tener menores habilidades sintácticas (formas de estructurar las oraciones) y de producción (articulación y contenido del mensaje), cuando comenzaban la escuela mostraron dificultades lectoras. En esta edad el nivel de vocabulario no resultó predictivo. 

A su vez, los niños de 3,5 a 4 años que mostraban un bajo nivel en las  habilidades sintácticas y de vocabulario pero no de producción, presentaron más adelante problemas en la adquisición de la lectura. 

A los 5 años resultaron de un alto valor predictivo las discrepancias en vocabulario y conciencia fonológica, mientras que las diferencias sintácticas en esta edad no representaron un signo de alarma. 

Estas observaciones han sido consideradas un fundamento de peso a favor de la importancia de la detección temprana de las dificultades lectoras, debido a que se encontró, que los precursores de la lectura pueden ser identificados a una edad tan temprana como los 30 meses. 

El hecho de tener instrumentos diagnósticos, que nos permitan detectar signos de alarma desde edades muy tempranas, nos permite realizar intervenciones de tipo preventivas centradas en el desarrollo del lenguaje oral. 

Resulta imprescindible el rol del psicopedagogo institucional, que detecte en las aulas estos signos y oriente a las familias y maestros en la estimulación adecuada,  para lograr que  estos niños ingresen a la escuela primaria con el nivel de desarrollo necesario. 

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Test de Memoria Auditiva y Visual (VADS). Evaluación de la memoria y la atención.

12:09:00 Mercedes Lafourcade 0 Comments

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El TEST DE MEMORIA AUDITIVA Y VISUAL DE DÍGITOS (VADS) de E. Koppitz, fue concebido para integrar una minibatería psicoeducacional de evaluación, junto a las pruebas Bender y DFH. Las tres pruebas evalúan distintos aspectos cognitivos y aportan datos valiosos de las características emocionales del niño, constituyendo una excelente opción para detectar  en forma rápida, posibles dificultades de aprendizaje. Se trata de un  recurso  similar a la escala de Weschler (WISC) y Standford- Binet, con la ventaja de que su aplicación es breve y de fácil administración. 

Si bien la versión original de VADS fue desarrollada por la doctora Koppitz en 1979, recientemente fue realizado un manual con normas adaptadas en Argentina (Casullo y Figueroa, 2010), resultando  un instrumento vigente y válido.  El test evalúa la memoria de corto y largo plazo a través de una modalidad intrasensorial (estímulo auditivo - respuesta auditiva, estímulo visual -respuesta visual) e intersensorial (presentación oral del estímulo - respuesta gráfica). La prueba brinda además, información acerca de la capacidad de concentración y el nivel de ansiedad del niño. 

Un bajo rendimiento en la prueba de memoria (VADS), podría estar incidida por tres factores fundamentales:
  1. Disfunción neurológica.
  2. Lesión cerebral.
  3. Pobre memoria visual.

Administración del VADS.

Este test puede ser administrado a niños de entre 5 y 12 años, que sepan leer y escribir números. 

Materiales: Juego de 26 tarjetas, hoja de papel blanca, lápiz, goma de borrar, protocolo de respuestas, cronómetro. 

Subtest 1: Auditivo oral (A-O).

El niño debe reproducir una serie de dígitos que el examinador verbaliza. Evalúa integración entre percepción auditiva, conservación de una secuencia y su evocación. 

Subtest 2: Visual oral (V-O).

El niño debe reproducir oralmente una serie impresa de dígitos que lee en una tarjeta. Evalúa en qué medida es capaz de procesar un estímulo visual y reproducirlo oralmente a través de la integración visual-oral y la memoria, utilizando procesos similares a los que utiliza cuando lee textos impresos. 

Subtest 3: Auditivo gráfico (A-G). 

El niño debe escuchar y luego reproducir en forma gráfica, dígitos que se le verbalizan. Evalúa integración visual y memoria mediante la capacidad de procesar, establecer una secuencia y evocar estímulos auditivos y trasladarlos a símbolos escritos.

Subtest 4: Visual gráfico (V-G). 

El niño lee y reproduce gráficamente una serie de dígitos. Evalúa la integración intrasensorial entre percepciones visuales y expresiones gráficas, mediante la capacidad de procesar, establecer secuencias y memorizar estímulos visuales.

Análisis cualitativo del comportamiento.

El comportamiento del niño frente a las tareas del Test VADS, nos aporta información relevante acerca de las posibles actitudes en situaciones de aprendizaje. El manual propone plantearse las siguientes preguntas durante la observación: 
  1. ¿Se muestra seguro de sí mismo?
  2. ¿Tiene interés en hacer bien el trabajo?
  3. Si fracasó, ¿sigue adelante o intenta abandonar la tarea?
  4. ¿Son buenos sus controles internos?
  5. ¿Tiene el niño buena tolerancia a la frustración?
Es importante tener en cuenta que los niños con pobre integración intersensorial e impulsivos pueden comenzar la tarea con entusiasmo y perder la concentración al poco tiempo. Realizar las tareas escolares con eficiencia les demanda más gasto de energía que al resto de los niños, la fatiga repercute en su rendimiento escolar de maner significativa. Es posible que estos niños se beneficien de períodos de descanso  o cambios de actividades para alcanzar un mejor rendimiento. 

El manual establece que los alumnos que durante la aplicación del test VADS, realizan bien algunas pruebas y fracasan en otras alternadamente, tienen una alta probabilidad de que repitan este esquema de rendimiento desparejo en el aula y pueden mejorar si se les da un tiempo extra para terminar las tareas. 

La manera en que el niño reacciona frente a la frustración, nos muestra la forma que asume los errores en el aula. También resulta de utilidad registrar la forma en que piden ayuda frente a una dificultad, mostrando rasgos de ansiedad, timidez e inseguridad,  resultando posible que en el aula queden paralizados frente al fracaso. 

Otros elementos a observar son: 

¿Se distrae con facilidad? ¿Está quieto o es hiperactivo? ¿Pide ir al baño con frecuencia? ¿Es buena su coordinación? ¿Toma bien el lápiz? ¿Es zurdo o diestro? ¿Acerca mucho las tarjetas para mirarlas? ¿Trabaja con lentitud o en forma acelerada?  

Interpretación cualitativa de los resultados. 

Según el manual, los resultados en los diferentes subtest nos dan indicios de aspectos que no están contemplados en los datos cuantitativos. Muchos niños al reproducir los dígitos los agrupan de a dos o de a tres,  esto se llama "Organización subjetiva" (Tulving 1966) y es un signo de madurez y capacidad de organizar y planificar. Es frecuente que los niños con dificultades de aprendizaje tratan de repetirlos uno por uno, sin estructurarlos. 

Resulta importante además, prestar atención a qué tipo de errores comete el niño. ¿Repite bien los números pero invierte el orden? ¿Recuerda sólo los primeros números de la serie o los últimos? ¿Tiene dificultad en la pronunciación correcta de los números? ¿Omite o agrega números? ¿Vocaliza o traza en la mesa los dígitos para recordarlos?

Al igual que en las pruebas Bender y DFH, existen elementos gráficos que requieren interpretación desde el punto de vista evolutivo y emocional. Algunos de estos son:  inversiones y confusiones, tamaño de los dígitos, organización de los dígitos en la hoja, correcciones, numeración, trazado de líneas y encuadres. 


Copyright © 2017 Mercedes Lafourcade

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