Cómo el lenguaje ficticio hizo que la humanidad evolucionara de manera espectacular.

7:47:00 Mercedes Lafourcade 0 Comments




"Dios las cría y ellas se juntan"

Las palabras no son todas iguales, pero algunas se parecen más que otras, y cuando se juntan, son capaces de provocar catástrofes humanitarias o conquistas que creíamos imposibles.
Con unas pocas palabras bien seleccionadas, podemos resumir años de sabiduría popular en una sola frase. Nada resulta más efectivo para enseñar costumbres y transmitir valores, que utilizar refranes.
No por mucho madrugar amanece más temprano, nos decían nuestros padres cuando querían calmar nuestra ansiedad. A Dios rogando y con el mazo dando, sentenciaban las abuelas para ayudarnos a enfocarnos en el esfuerzo.  

El problema de las palabras es que no dan puntada sin hilo. Es por esto que Yuval Noah Harari, en su libro De animales a dioses (2013), explica cómo fue que el lenguaje transformó la realidad del Homo sapiens a lo largo del tiempo. Hace 70.000 años, cuando el Homo sapiens aún habitaba en las cavernas, descubrió la capacidad de combinar palabras para crear el lenguaje ficticio. De esta manera no solamente pudo transmitir sus experiencias a las nuevas generaciones, sino que pudo hablar de cosas que nunca vio, tocó ni olió realmente. 

Así comenzó lo que hoy llamamos Revolución Cognitiva. A partir de ese momento fuimos capaces de establecer amistades, organizar sociedades, trazar fronteras políticas, planificar acciones bélicas y diseñar estrategias de producción y comunicación tan espectaculares, que cambiaron sustanciales nuestra forma de vida. Gracias al desarrollo del pensamiento flexible y creativo, que nos dio la evolución del lenguaje, logramos inventar armas y utensilios que nos permitieron conseguir nuestros propios alimentos, sin ser cazados por depredadores mayores y sin tener que esperar a que los animales con más fuerza y destreza física que nosotros, nos dejaran los restos de sus presas.  

Lo que resulta más sorprendente de la evolución humana, es que las primeras producciones de lenguaje ficticio, fueron los chismes. El chisme o “chismorreo”, nos permitió vivir en grupo y saber quiénes eran las personas confiables y quiénes no, en una comunidad. Más tarde logramos la capacidad de crear mitos y leyendas, que explicaran los fenómenos que ahora explica la ciencia. 

Mucho tiempo después, hace 5.000 años, desarrollamos el invento más extraordinario, la escritura. La evolución permitió, que una parte del cerebro que originalmente estaba diseñada para percibir formas de la naturaleza, pudiera adquirir la habilidad de leer, y lo hizo tan bien, que actualmente, es capaz de reconocer una palabra en 1/5 de segundo. La lectura se convirtió entonces, en nuestra principal forma de acceso al conocimiento. Cuando lo pensamos así, resulta muy claro y podemos entender cómo funciona el aprendizaje humano y cómo el lenguaje moldea nuestro pensamiento y nuestra realidad, y viceversa.

También podemos entender por qué nos fascinan las historias ficticias. Algunos autores opinan, que estamos genéticamente predispuestos a aprender a través de historias y relatos. Otros autores explican, que las palabras de los textos narrativos son reconocidas más fácilmente por el lector, que la de los textos expositivos.
Así que, contemos y leamos más historias fantásticas, que a buen puerto vamos por agua y cuando el río suena, agua trae…

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